Foligno es uno de los raros centros históricos de Umbria que se encuentra en llanura, porque surgido a lo largo de la ribera del Topino, donde el río desemboca al valle.
En la zona se desaguaron grandes áreas pantanosas gracias a diferentes interventos, primeramente en época romana, luego en los siglos XV y XVI, hasta los definitivos del siglo XIX.
El momento más significativo de una visita en Foligno es probablemente la visita a la Plaza de la República y la contigua Plaza de la Catedral (Piazza Duomo). La primera, en su estructura actual, de forma alargada y a los rincones cuatro calles que se injertan, es expresión de los cánones más generales con los que entre los siglos XII y XIII se proyectaban muchas plazas comunales de Umbria; allí se asoman la Catedral, el Palacio Comunal eregido entre 1262 y 1265, el Palacio Pretorio, Palacio Orfini de 1515 y Palacio Trinci, en que todavía están hermosas decoraciones y algunos salones con apreciados frescos.
Los turistas más atentos no tendría que dejar Foligno antes de una visita a la iglesia románica de Santa Maria Infraportas y, distante solo 6 km del centro, la abadía de Sassovivo (momentáneamente en restauración parcial). La primera se caracteriza, además de los frescos del 400 y 500, por el campanario y un pórtico del siglo XI, la segunda en cambio se recuerderà por su claustro románico del siglo XIII, sus 128 sutiles columnas y la atmosfera mística que se respira en los ambientes benedectinos.
Entre las más importantes manifestaciones organizadas en la ciuad, sin duda es digna de nota particular la "Giostra della Quintana".
