Assisi se extende en las laderas del monte Subasio, encima de la llanura donde corren los ríos Topino y Chiascio. No obstante su origen de época romana, el aspecto actual de Assisi, tanto en los edificios como en la urbanización, seguramente fue determinado por el desarrollo medioeval.
El núcleo más antiguo de la ciudad está protegido por una estructura defensiva de ocho puertas de acceso fortificadas y un largo cerco de murallas, todavía óptimamente conservadas, con dos castillos: la Roca Mayor, reconstruida por voluntad del Cardinal Albornotz en 1367 y la Roca Menor. Además de los edificios de culto tan importantes que no se pueden considerar su patrimonio exclusivo, como San Francisco, en Assisi el turista podrà visitar tambièn las iglesias de Santa Clara y de San Pedro.
La primera erigida en forma gótica entre 1257 y 1265, la segunda poco más antigua, decorada de un elegante portal mediano y tres rosotones. La Catedral, dedicada al patrón San Rufino, conserva su espléndida fachada con esculturas y relieves; en el interior, al contrario, algunas intervenciones de reconstrucción, durante los siglos, cambiaron totalmente la estructura originaria del siglo XIII. En la Plaza del Municipio de Assisi, en la antigua área del foro, se encuentra el Palacio de "Priori" (1337), el Palacio del Capitán del Pueblo (siglo XIII) y el templo de Minerva, erigido en el período de Augusto, con pronaos, columnas y capitelos corintios todavía intactos.
En las cercanías se pueden visitar los lugares de la vida de San Francisco, como el Eremitorio de las Cárceles, inmerso en un bosque lleno de encinas y carrascas en las laderas del Subasio y el Convento de San Damiano, surgido alrededor del oratorio en el cual la tradicción dice que el Crucifijo haya hablado al Santo. En la llanura, en fin, la grande basílica de Santa Maria de los Angeles fue construida bajo proyecto de Alessi entre 1569 y 1679 para protegir la Capilla de la Porciúncula, el "pobre" centro de los primeros frailes franciscanos.
Los que irán a visitar esa espléndida ciudad convenirán en la idea de él que cree que su belleza está más allá de un breve y necesariamente incompleto elenco de obras más o menos exstraordinarias, sino en la atmosfera de los lugares que la historia y la fé de un Santo hicieron verdaderamente únicos en el mundo.
