La ciudad se encuentra encima de un cerro roqueño bajo del cual hay extensiones de carrascas y aceitunos, interrumpidos solamente por el correr sinuoso del río Tevere.
La historia de Amelia se pirde en la leyenda. Sus muros ciclópeos pertenecen al sexto siglo antes de Cristo: originariamente constituidos por grandísimos bloques, se sobrepusieron a esos estratos de época romana primera y medieval sucesivamente.
Llama la atención la hermosa Puerta Romana. Hoy Amelia es una ciudad dinámica y moderna, que sacando ventaja de su favorable ubicación geográfica, se impone como centro agro-alimentar, y conserva una profunda conscienza del valor de sus hallazgos arqueológicos y artísticos.
Además de los muros muy antiguos, las cisternas y numerosas casas romanas atestiguan la importancia de Amelia durante el imperio de los Cesari.
Pertenecientes a la época medioeval tenemos que recordar: la iglesia de San Pancrazio, de la cual el portal representa un raro ejemplo de arte decorativa, la iglesia de San Francisco, donde en el interior se conservan algunas obras de escultura de Agostino di Duccio, la catedral, que aunque si modificada en período barroco, pertenece al la primera mitad del siglo XI, como atestigua el poderoso campanario. Por fin, hay que citar la iglesia rural "Madonna delle Cinque Fonti", donde demoró San Francisco. Dignos de nota los palacios Farrattini y Petrignani, del siglo XVI, que nos recuerdan la época prospera de la señoría de la ciudad.
